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lunes, 18 de julio de 2011

¿Agua? ¿Lágrimas? Qué más da.

Entra corriendo en el baño y se pone a dar furiosas patadas a la pared. Cuando se cansa se derrumba sobre el espejo del baño, oyendo sin escuchar el ruido de una ducha que alguien toma en ese momento. Se mira al espejo, infinitamente triste, sin saber si las gotas que se deslizan por la empañada superficie son el reflejo de sus lágrimas o no.

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